Los vehículos autónomos tienen actualmente un problema de accidentes. Pero también tienen el potencial de evitar 8,5 millones de accidentes al año.
Criticar a los vehículos autónomos resulta sencillo. Los accidentes se duplicaron en 2024. La confianza pública se sitúa en un 13%. Waymo ha registrado más de 900 incidentes ante la NHTSA.
Estas son cifras reales, y son importantes. Sin embargo, coexisten con una serie de proyecciones a largo plazo que apuntan en una dirección muy distinta. Cuando la tecnología autónoma alcance una escala masiva, las mejoras en seguridad que podría aportar eclipsarán por completo lo que representan las cifras actuales de accidentes.
La cuestión no es si la tecnología es perfecta hoy en día, sino si su trayectoria justifica la inversión necesaria para perfeccionarla.
Las proyecciones de seguridad aquí citadas provienen del estudio sobre seguridad de vehículos autónomos realizado por el CR Legal Team, el cual evaluó las implicaciones a largo plazo para la seguridad vial que conllevaría el despliegue total de la tecnología autónoma en todo Estados Unidos.

Hallazgos clave
Para el año 2050, los coches autónomos podrían salvar cerca de 21.700 vidas y evitar aproximadamente 4,22 millones de accidentes cada año en EE. UU., según las proyecciones actuales del estudio.
Las pruebas con vehículos autónomos ya han logrado reducir la tasa nacional de accidentes: de 9,1 por cada millón de millas recorridas a 4,6; lo que supone una reducción de casi el 50% en los accidentes ocurridos en las zonas donde se ha desplegado esta tecnología.
El 94% de todos los accidentes de tráfico en EE. UU. tienen el error humano como factor contribuyente.
Los sistemas autónomos no se cansan, no se distraen, no conducen bajo los efectos del alcohol ni sufren otras mermas en sus capacidades, eliminando así la causa detrás de la inmensa mayoría de las muertes en carretera.

La tasa de accidentes ya está disminuyendo allí donde se ha desplegado la tecnología
La evidencia más sólida a favor de las mejoras en seguridad que aportan los vehículos autónomos no reside en las proyecciones, sino en los datos obtenidos de los despliegues ya existentes.
Las pruebas con vehículos autónomos ya han recortado las tasas de accidentes en las zonas donde han estado activas, descendiendo de 9,1 accidentes por cada millón de millas a 4,6. Esto representa una reducción del 49% en la frecuencia de accidentes en condiciones del mundo real, no en simulaciones.
La única víctima mortal registrada en el conjunto de accidentes de vehículos totalmente autónomos notificados a la NHTSA hasta la fecha contrasta con el saldo de 39.345 muertes en carretera provocadas por conductores humanos tan solo en el año 2024.
La comparación no se establece entre una tecnología perfecta y otra imperfecta. La disyuntiva se plantea entre una tecnología en fase de maduración y un historial de conducción humana que cobra la vida de decenas de miles de personas cada año.
La NHTSA ha declarado que sus normas de seguridad vehicular salvaron 865.706 vidas entre 1968 y 2019, lo que equivale aproximadamente a 16.000 vidas al año. Se proyecta que la tecnología de conducción autónoma genere mejoras en la seguridad de un orden de magnitud superior.
Alrededor del 25% de los accidentes mortales están relacionados con el exceso de velocidad, un factor que los sistemas autónomos gestionan con precisión. La conducción bajo los efectos del alcohol —responsable de cerca del 30% de las muertes en el tráfico en EE. UU. durante 2023— queda totalmente eliminada en el escenario de los vehículos autónomos.

La conducción distraída —causante de la muerte de 3.275 personas en 2023— se elimina de la ecuación cuando no hay un conductor que pueda distraerse.
Según las proyecciones de diversos estudios, para el año 2050 los automóviles de conducción autónoma podrían reducir los problemas relacionados con el tráfico en un 80%, recortar las emisiones vehiculares hasta en un 90% y generar ahorros de hasta un 90% en las primas de los seguros de automóviles.
Se estima que la eficiencia en el consumo de combustible de los vehículos autónomos aumentará entre un 10% y un 20% por encima de los niveles actuales. La adopción de automóviles de conducción autónoma podría reducir la propiedad privada de vehículos en los EE. UU. hasta en un 45%.
Cada uno de estos resultados refuerza el argumento a favor de la seguridad: menos automóviles en las carreteras, conducidos de manera más eficiente y libres del error humano, se traducen en menos accidentes, menos muertes y menores costos sociales en todos los ámbitos.
La tecnología aún no ha alcanzado su pleno desarrollo. Las cifras actuales de accidentes son una realidad innegable y deben mejorar. No obstante, la trayectoria de progreso es constante, y la magnitud potencial de los beneficios en materia de seguridad es tan considerable que el verdadero riesgo de fracaso en este caso no reside en implementar la tecnología, sino en hacerlo con demasiada lentitud.
Fuente: CR Legal Team





























